He odiado cada espacio
cada distancia intermitente y severa
que ha estado dañando mi retina
al no tener puntualmente en ella atrapados
los pensamientos de tu frescura,
y la más suave de tus pestañas
He sumergido mis poros impares
en las derrotas matutinas
de mis sábanas níveas y solitarias,
buceando en los pares
olvidando apostar
en la mano perdida…
… a veces,
he sucumbido
al dolor punzante y sordo
ahogándome en el agua que
condimentan esos suspiros…
Y… sin embargo,
ahora que estás en mí,
y yo contigo, en ti
olvido maldiciones,
y partidas abocadas al fracaso
Invoco estrellas y auroras,
les ruego haga tu piel perenne
El ámbar y ocre vuelan hacia nuestro hayedo,
somos eternos y libres
trenzando recuerdos y hiedra,
con esa magia en el regazo















