Aquella noche me senté en tu cama.
Estabas cansado y viejo, muy cansado.

Te sentaste a mi lado, cabizbajo, pálido.
Observé el simpático bastón tan labrado,
con figuras de la baraja: Sota, Caballo... Mi Rey.
esa cachaba linda que te regaló papá.
Me miraste y en tus ojos, esa tortura rota,
Esa súplica de verdad.
“Esto que tengo no es bueno cariño..”
No supe distinguir si era pregunta, sentencia, o duda.
Apenas pude mirarte, a mí también me dolía.
“Estoy aquí abuelo”
Acaricié tu pierna, la causante de tu sempiterna cojera.
La que tantas noches masajeé... aliviando ese dolor sordo que provoca el cáncer.
Esa herida sin localización
que salpicaba con su sangre imaginaria a todos los que te amaban.
Me tomaste por el hombro,
me acercaste a ti,
besaste pelo.
Y sentí cosquillas en mi frente al roce de tu bigote,
siempre perfecto y recortado.
Incendié mis lágrimas,
el frío no te convenía.
Una semana después, me despedí de tí,
mi muñeco dulce y cascarrabias.
Aquel verano... fue terrible sin mi compañero de correrías.
Han pasado algunos años,
y sigo guardando tu bastón, tus tirantes, el tabardo…
...Y esos Puritos Reig,
que me traen tu aroma y nuestras trastadas...